Os dejo con el tercer capítulo de Jay & Joe, en el cual se enfrentan al duro cometido de desactivar una bomba.
Espero que os haya gustado.
Un abrazo y pasadlo bien.
Navarro.
Versión Beta.
Os dejo con el tercer capítulo de Jay & Joe, en el cual se enfrentan al duro cometido de desactivar una bomba.
Espero que os haya gustado.
Un abrazo y pasadlo bien.
Navarro.
Las reglas para jugar al mus eran sencillas: cuando había cuatro que querían jugar se jugaba. Si alguien llegaba cuando la timba ya había empezado le tocaba joderse y quedarse mirando hasta que uno de los que estaba jugando decidía irse a clase. Podías sentarte a esperar horas y horas hasta que ese inusual hecho ocurría. Yo he llegado a tirarme tres horas como un gilipollas mirando como otros cuatro gilipollas (mucho más gilipollas que yo) jugaba sin hacerme ni puto caso y sin, que quede claro, ofrecerme un sitio para que todos pudiéramos jugar aunque fuese por turnos. La cosa era así: si no llegabas a tiempo, no jugabas. Si llegábamos tarde no se hacían rotaciones para introducir a todo el mundo en la gran cultura del mus como se hacen en todos los putos lugares del mundo. En una palabra: si no llegabas, te jodías. Y esto era para todo el mundo, dando igual lo popular que fueras. Gente popular pero tan imbécil como yo se quedaba horas esperando que alguno de sus fieles amigos decidiera irse de una puta vez a clase para poder adentrarse en el juego.
Un día estábamos cuatro chicos jugando al mus. He de aclarar que a mi esa gente me caía mal y que solo me quedaba con ellos cuando los que me caían bien no estaban o cuando podía jugar el mus. Es decir, de los cuatro que estábamos, yo era el que más sobraba pero también el que menos respeto tenía a la autoridad, por supuesto. De esto que después de tres cuartos de hora aparece Superman 1 (un tío al que jamás le he visto ceder su sitio para que otro pobre pudiera jugar al mus; un tio popular, probablemente el más popular. Yo, por supuesto, le odiaba con todo mi ser), se acerca a nosotros y nos dice:
- Bueno, ¿quién me deja su sitio para jugar?
¡Oh, si, claro, su majestad! ¿El señor desea alguna otra cosa? ¿Un café? ¿Algo para picar? ¿Una bonita y larga felación? ¡No me jodas! ¿Cómo se puede tener tanta cara? El tema es que yo era el que más sobraba de todos ellos así que, en un abrir y cerrar de ojos, todas las miradas se posaron en mí. ¿Y qué hice yo? Pues veamos…. creo que llevaba dos cerdos con la una y era mano así que… ni me lo pensé, pase del culo del Superman 1 y envidé a grande, ¡con dos cojones! Bueno, en realidad no hice eso, simplemente me quede sentado con expresión de “si estáis pensando que me voy a levantar es que sois mucho más idiotas de lo que pensaba y es complicado, creedme” Finalmente, y con gesto de resignación, el chico que estaba sentado a mi lado dejó sus cartas sobre la mesa y le cedió el sitio. Ese pobre chico se quedo observándonos jugar una hora y media más. Auténtico aburrimiento es lo único que sintió antes de decidir irse a tomar por culo. Podría decir pobrecito pero no, lo que me viene a la cabeza es: ¡jódete! Eso es lo que pasa por ir detrás de gente como el superman 1.
Y ahora voy a pasar a desbrozar a cada uno de los compañeros con los que tuve que convivir:
Superman 1: Era la típica persona que siempre tiene una historia diez mil veces mejor que la tuya para contar, además de mil y un defectos más que no voy a contar aquí. Le llamo así porque, tras escuchar inumerables historias que era imposible creer me prometí a mi mismo que iba a hacer que, al final, me contara que había llegado a volar. Estoy convencido de que lo hubiese conseguido si no le hubiesen echado de la universidad tras el primer año por no aprobar ni una sola asignatura. Una verdadera lástima.
París: Un tío cojonudo. Le conocí el primer día y me di cuenta de que era de las pocas personas con las que iba a llevarme bien. El tio venía de un modulo de producción de piezas así que pilotaba un huevo de dibujo técnica y esas cosas. Además, del módulo, conocía a Superman 1 y, de vez en cuando, me contaba lo zopenco que esa persona podía llegar a ser con una pieza entre sus manos.
Gorrino 1:Gordo, feo y siempre comiendo de las migajas que dejaba Superman 1. Un quiero y no puedo en toda regla que me trataba con desdén siempre que la oportunidad se le presentaba.
Como Rayes mi Coche te Mato (CRCM): Otro tío cojonudo que me hizo pasar muy buenos momentos. Un pokero muy majete que se ponía histérico siempre que alguien aparcaba al lado de su coche. Pero un tío de puta madre, de verdad. Al fin y al cabo, en esa facultad todo el mundo era bacala así que…
Superman 2: Cuando Superman 1 dejó la facultad, el puesto quedó bacante y este tipejo bajito y con cara de oler mierda permanentemente ocupó el puesto. Era tan guay que cuando le tocaba el culo a su novia en público, luego le tenía que pedir perdón. En fin, al chaval tampoco le daba para más. Eso sí, la novia estaba buena, las cosas como son.
Carlos III: Le llamo así porque procedía de la Carlos III, de estudiar la misma carrera. Había decidido venirse a la Politécnica por miedo a que le echarán de las Carlos III por no aprobar el 60% de los créditos tras el segundo año. Era un tío también que valía mucho la pena, igual que Paris o CRCM , pero un vago irredimible. Si por casualidad lees esto tienes que reconocerme que tengo razón.
Gorrino 2 Con este tengo posturas enfrentadas. Era gordo y no tan feo como Gorrino 1, pero su problema es que no tenía personalidad el pobre. Cuando estabas a solas con él era un tio cojonudo, pero cuando había más gente se dejaba llevar por la estupidez latente del resto y te acababa tocando los cojones por partida doble. Seguro que conocéis a alguien así, los hay por todas partes.
La andrajosa: No sé por qué, pero una tía que me daba un asco increíble, y no era porque fuese asquerosa sino porque, simplemente, me daba asco. Un día intentó mantener una conversación conmigo y la pobre se quedó con las ganas porque fui incapaz de contestar algo distinto a si o no. Por lo visto se tiró a Gorrino 1 y, una semana más tarde ( que bien pudo ser un mes o un año, yo qué sé) empezó a salir con Gorrino 2. Se llevo al club más selecto de la facultad a la cama, en otras palabras.
Y por último estaban el resto de siervos, tan insulsos y sin personalidad que era rara la vez que los oía hablar para hacer otra cosa que no fuese idolatrar un poco más a sus Dioses. Patético es quedarse corto.
¿Qué hacía yo? Pues me junté con Paris, con CRCM y con Carlos III. Y con el resto decir que el primer año no hablaba con ellos porque me sentía fuera de lugar. El segundo año estaba tan quemado que no hablaba con ellos por no provocar una pelea. Las únicas frases que se me ocurrían ese segundo año eran, todas ellas, ironías destinadas a joder o, directamente, insultos destinados a hacer mimos, no te jode.
Un abrazo y pasadlo bien.
Navarro.
Embajadores sita cerca de Atocha (para los que no lo conocéis, es el lugar de los trágicos atentados del 11M). Así que me fui hasta Atocha y de ahí enfilé hacia mi nueva uni para entregar la matrícula. Me perdí. Lo que en principio iba a llevarme una hora, me llevó tres de vagabundeo por la gran ciudad. Si hubiese estado perdido media hora más me hubiesen cerrado conserjería y no habría entrado en esa mierda de institución, pero el destino quiso que sufriera.
Como un idiota engañado me apunté a lo que se denominaba curso cero. Era algo así como un repaso de todo bachillerato para que entraramos frescos. Empezaba un lunes y yo llegué un Jueves porque estaba de vacaciones. Grave error porque los grupos de amigos ya se habían formado. Pero bueno, había que tirar para adelante, así que en el primer descanso que hubo me salí a fumar un cigarro con mis nuevos y “adorables” compañeros y fue entonces cuando me di cuenta de que yo jamás encajaría allí. La escena fue algo así:
Superman 1 (ya explicaré los motes que les puse a todos y porque los puse) termina de hablar mientras el resto de la gente se ríe. Se crea un silencio y de repente Gorrino 1 le dice:
- Venga tío – dirigiéndose a Superman 1, claro -. Di algo, que nosotros nos reímos.
En mi cabeza sonó algo así como: “somos tus siervo y aunque digas “hola” nosotros nos vamos a partir el culo porque de personalidad andamos algo escasos”. Definitivamente ese no era mi lugar. Por suerte, ese mismo día conocí a Paris que, a diferencia del resto, es un tío de puta madre. Al tiempo también conocí al señor “Como ralles mi coche te mato (CRCM)”, otro tío de puta madre y por último al “Carlos III”, con el que tuve mis más y mis menos, pero otro tío igual de bueno que los anteriores. Gracias a ellos logré pasar dos años ahí sin suicidarme y sin, lo que es más importante, matar a nadie.
Para aprobar el curso cero había que entregar unos cuantos trabajos de cuatro mini-asignaturas. Yo, con mis grandes huevos en las manos, me negué a hacer un solo dibujo de los 150 que había que entregar, más que nada porque me tire dos horas para hacer uno que la gente hacía en dos minutos, y encima lo hice mal así que… En definitva, que pasó lo que tenía que pasar: suspendí el curso cero y, de ahí en adelante, me convertí en el gilipollas que había suspendido el curso cero. Vamos a ver, ¡que era el curso cero leñes! CERO de importa una mierda que lo apruebes sopla-pollas de los cojones (vale, ya me relajo).
El resto fue incluso peor. Era una ingeniería por lo que yo ya me había preparado para dejar unas cuentas asignaturas para el segunda año. Al final me quedé con 6 y dejé otras 6 para futuras convocatorias.
Por otro lado decir que el café de la cafetería era, para un paladar experto como el mío, la mayor mierda que puedas tomar salida de una cafetera, lo que me obligaba a gastarme los cuartos en los bares aledaños todas la mañanas y, dado que no iba a la mitad de las clases y las horas libres las pasaba en esos bares, mis gastos aumentaban exponencialmente.
Bueno, como primeros pasos está bien. Tengo tantas cosas que contar de esos años que… en fin, pienso que voy a escribir más que en toda mi vida. Nos vemos en el siguiente, donde describiré a mis apreciados compañeros (los que me caían bien y los que me caían mal) más alguna anécdota que tuve con ellos graciosa.
Un abrazo y pasadlo bien.
Navarro.
Me encontraba yo trabajando el sábado por la tarde, sentado delante de la caja y leyendo un libro de esos que no suelo leer cuando un hombre traspasó la puerta. Le saludé y me devolvió el saludo antes de coger un periódico de esos que son así como muy, muy conservadores. Se acerca paga la gasofa y el lindo diario y me dice:
- ¿Puedo hacerte una pregunta indiscreta? – luego piensa su gilipollez y añade -: Bueno, ninguna pregunta es indiscreta, solo la respuesta puede serlo.
- Por supuesto – le respondo ya un poco desconcertado.
- ¿Cuántos años tienes?
Por su aspecto y lo que leía no parecía ser un pederasta pero nunca hay que bajar la guardia niños.
- Veintidos – respondo.
- Veintidos – repite pensativo – No quiero que te molestes con mi pregunta pero quería que tú me dijeras ¿por qué a la juventud de hoy en día le dan igual los problemas del mundo?
Puesto que deseaba continuar con la lectura de mi inusual libro, le respondí cualquier chorrada y tiré para adelante. Pero, más tarde, a la luz de la luna, me puse a pensar en ello. Lo cierto es que no tengo idea de si a la juventud de hoy en día le importan o no los problemas del mundo. Sé lo que me importan a mí y con eso me basta.
Podría escribir líneas y líneas sobre este tema pero voy a ser breve. El hombre me aseguraba que el mundo iba fatal y que ese era un tema para preocuparse mucho pero después de meditarlo durante bastante tiempo creo que no es cierto. No voy a decir que el mundo está de puta madre, pero sí, el mundo va de puta madre (al menos el mundo donde la mayoría que tenemos acceso a internet y podemos leer estas líneas vivimos).
Hace poco, en esta piel de toro que tenemos por país, hubo una “huelga” de controladores aéreos por no sé qué cosa. Creo que les iban a rebajar el sueldo de cuarenta mil euros mensuales a solo treinta mil, ¡vaya putada! Me imagino las repercusiones en sus vidas y me entra la risa, pero ese es otro tema. La cosa es que se lió una de cojones. La gente ya no podía viajar en avión para disfrutar de sus vacaciones ¡dios, que desgracia!
De vez en cuando pienso en cómo era el mundo hace tan solo 40 años y me descojono pensando en la frase del mundo va fatal. Viéndolo todo desde un punto de vista global hay que reconocer que nuestro estado de crisis y bla, bla, bla se asemeja bastante al estado en el que vivía la clase alta hace 30 años. Es decir, aún a día de hoy no conozco a nadie que no tenga para comer un plato suculento tres veces al día, si no más. ¿Realmente el mundo va fatal?
Por supuesto que creo que el mundo podría ir mucho mejor, pero de ahí a decir que el mundo va fatal hay un gran salto, creo yo.
En fin, y para terminar, me gustaría que estas líneas sirviera para que todos tuviéramos en cuenta que no vivimos mal pero que podríamos vivir mejor y que, en vez de lanzarnos los cuchillos a la cabeza porque no vivimos todo lo bien que podemos, pongamos un poco de nuestra parte para, por lo menos, no llegar a tener una depresión de cojones por una irrealidad.
Yo puedo decir que vivo bien, aunque podría vivir mejor. Pero he decidio no quejarme, tratar de mejorar mi calidad de vida y ser feliz. ¿Qué decidis vosotros?
Un abrazo y pasadlo bien.
Navarro.
Pues volvemos con la competición amigos. Esta vez me he encontrado en lugar desconocido y algo perdido. Estaba en el feudo de JPelirrojo: La música. Aunque para llevarlo un poco más a mi terreno se escogió la canción de un gran artista al cual conozco bastante bien (no en persona, claro). Iba perdiendo uno-cero (¡malditos bolos!) ¿Cómo abaré después de esto? Solo el siguiente vídeo os dará la respuesta. (Se recomienda poner baja la música porque cantamos fatal XD).
Por cierto, y por si alguien aún no lo ha visto, lo cual es dudoso pues es un evento mundial, mundialísimo y todo el mundo debería estar enterado, conozco a dos pelirrojos que están preparando sorpresitas para el 2011, así que, ¡que demonios! os dejo un adelante de su sorpresa también. Dos vídeos, debe ser que hoy estoy generoso.
¡Les deseo mucha suerte!
Un abrazo y pasadlo bien.
Navarro.
Vuelvo a la carga con las historias. Y esta vez traigo a coalición lo que, muy probablemente, haya sido la peor etapa de mi vida en el aspecto profesional. Y es que una ingeniería es mucha ingeniería. ¿Cómo empezó todo si yo iba para filosofía? Os cuento.
Las mates y la física siempre se me han dado bien (la química y el dibujo técnico de los cojones no) así que cuando estaba en 4º de ESO y tuve que elegir, me tiré a estudiar el bachillerato tecnológico y ahí empezó mi calvario. Sin embargo no lo vi venir. Los dieces y los nueves en la asignaturas de ciencia me decían que yo estaba listo para estudiar lo que me viniera en gana así que yo continué con lo mío sin atender a las claras señales que me decían que tirara la toalla.
Quizás la más clara de todas ellas fue suspender dibujo técnico en 1º de Bachillerato con un 4. No sé cómo lo hice, pero logré que la profesora me aprobara (a mí, una persona que a día de hoy no sabe distinguir entre círculo y circunferencia) prometiéndole que jamás me metería a estudiar nada que tuviera algún tipo de relación con su asignatura, ¡ole mis huevos! Al final me decanté por la Ingeniería Técnica Industrial por la rama de mecánica (aquella en la que el dibujo es casi lo más importante). Una vez más, ¡ole mis huevos!
Recuerdo que cuando rellenábamos la hojita rosa de selectividad eligiéndo carreras una compañera y amiga decidió que ella pasaba de la puta física y que se iba a meter a turismo. Aún recuerdo todas las burlas que le dediqué a la pobre por esa absurda idea suya. Si supiera lo que sé ahora… Pero no lo sabía, así que yo continué con mis burlas.
Finalmente llegó el día… todo comenzó cuando entregué la matrícula y pagué las tasas. Pero eso os lo contaré en el siguiente post.
A resumidas cuentas y para poneros en contexto, deciros que yo estudié en la UPM. Mi facultad carecía de campus, era un edificio en mitad de la calle Ronda de Valencia, en el barrio de embajadores, a tiro de piedra de Lavapiés. Si alguien conoce la zona sabrá que es un barrio no del todo bueno. Y si no la conocéis pues os comento: cuando salía del metro a las 8:15 de la mañana me encontraba a los drogadictos en las escaleras del metro en pleno rito cabellesco (de caballo (de heroína)). El panorama no podía ser peor, o al menos yo pensaba que no podía serlo, porque tras unos cuantos días me di cuenta de cual era la realidad.
Como anécdota curiosa decir que en mi actual y maravillosa carrera conocí a un chico que había estudiado el mismo año que yo en la misma facultad y cuando hablamos de algo relacionado con ello el agua de toda España se pone a hervir del odio común que destilamos por ese edificio y todo lo que allí se mueve.
Y sí, estoy resentido, así que en estos post no voy a cortarme. Voy a ser un resentido que cuenta como dos años de su vida se fueron a la mierda por culpa de unos cuantos cabrones que decidieron hacerle la vida imposible. Así que, ya sabéis, no esperéis nada bueno de mí a partir de ya.
Un abrazo y pasadlo bien. (Consejo: No os acerquéis por esa facultad).
Navarro.
Pues la cosa curisosa de este mes es un juego que podéis realizar a cualquier persona y daros cuenta de que funciona. Es una de esas cosas que se aprenden en la universidad y que no dejan de ser curiosas por lo extraño que parece que realmente seamos así. Ya sabéis, las cosas del ser humano, que nunca dejan de sorprendernos. Os dejo con ello.
Espero que os haya gustado. Lo cierto es que me gustaría coger a unos cuantas personas y tratarlas como ratas de laboratoria en experimentos sencillitos para subirlos aquí y que podáis ver en primera persona como se comporta el ser humano. A ver si consigo a algunas personas y grabo algo, seguro que por lo menos queda gracioso.
Un abrazo y pasadlo bien.
Navarro.
Y con esto llegamos al final. Lo habéis probado todo: habéis comido el calipo, habéis montado en globo y habéis pasado mucho tiempo entre soledades y solo tenéis una cosa que decir. ¡Queremos más, mucho más! Bien, llegados a este punto solo se me ocurre recurrir de nuevo al conocimiento popular: ante problemas extraordinarios, medidas extraordinarias. ¡Córtate una pierna!
Dicho así en frío puede sonar un tanto escalofríante, por no decir que no se lo va a tragar ni el tato aquí, pero es cierto, si te cortas una pierna lograrás tener unos órgasmos de vértigo. Ya veis, en la carrera de psicología también se aprenden cosas interesantes de vez en cuando.
Confieso que los post de esta saga se me ocurrieron tras conocer este tan curioso dato y al final parece que no han quedado del todo mal. Pero expliquemos un poco las razones científicas de este gran hallazgo.
¿Habéis oído hablar de los miembros fantasmas? Cuando una persona pierde un brazo, una pierna o cualquier parte del cuerpo, no deja de sentirlo. El miembro ausente puede picarle o dolerle o vete tú a saber qué. Y del mismo modo también puede creer que puede moverlo. Un capitán de barco de no sé que época que había perdido un brazo se sirvió de este fenómeno para afirmar la existencia del alma, ya que si un brazo se seguía sintiendo después de desaparecer, cuando el cuerpo desapareciera, de algún modo, también se seguiría sintiendo. Está claro que el no se consuela es porque no quiere.
Gracias al avance de los años, algún que otro neurociéntifico chalado decidió que el fenómeno era digno de estudio y se puso a ello. Me dispongo a dar una explicación introduciendo términos como homúnculo de Penfield y ese rollo así que si se pasa por aquí algún conocido del tema le pido que no sea demasiado duro conmigo y con mis errores por favor.
La imagen que dejo arriba es un gracioso homúnculo de Penfield. Viene a ser la representación mental que tenemos los seres humanos sobre nuestro propio cuerpo. Como podemos ver, las manos y la cara tiene un tamaño mayor que el resto del cuerpo, esto se traduce en que sentimos mucho más las cosas que tocamos con las manos que las que tocamos con el pecho.
La cosa es que cuando perdemos un miembro, esa representación mental también cambia. Por ejemplo, si perdemos un brazo puede ocurrir que al estimularnos alguna parte de la cara sintamos que nos están tocando los dedos de nuestro miembro fantasma. Esto es así porque la cara queda por debajo del brazo en el homúnculo de Penfield. Y aunque no se vea en el dibujito, los genitales quedan por debajo de las piernas.
De esta guisa podemos explicar por qué si te amputas una pierna tendrás unos orgamos mucho más intensos. Es algo así como que mientras te comen el calipo en realidad te están acariciando toda la pierna que no existe, lo cual también es excitante. En realidad no tengo ni puta idea de que sentirán, pero según sus propios testimonios cuando se corren lo hacen a lo grande.
Evidentemente no estoy sugiriendo a nadie que se corte una pierna (a pesar de lo gracioso que sería que lo hiciese) pero esto, además de un dato curioso, creo que servirá para que, la próxima vez que veáis a una persona sin una pierna, no penséis “porbrecito” sino algo más como “hijo de puta, este tiene que follar como ratas”.
Y con esto termino esta serie de posts. Espero que os hayan sido útiles o que, al menos, os haya gustado leerlos. Uno de estos días pondré algunas de las palabras que alguna de las personas han metido en los buscadores para acabar en mi web. Algunas son la hostia.
Un abrazo y pasadlo bien.
Navarro.
“Es una soleada mañana de otoño en la pequeña ciudad de Chester´s Mill. Claudette Sanders disfruta de su clase de vuelo y Dale Barbara, Barbie para los amigos, hace autostop en las afueras. Ninguno de los dos llegará a su destino…
De repente una barrera invisible ha caído sobre la ciudad como una burbuja cristalina e inquebrantable. Al descender, ha cortado por la mitad a una marmota y ha amputado la mano a un jardinero. El avión que pilotaba Claudette ha chocado contra la cúpula y se ha precipitado al suelo envuelto en llamas. Dale, veterano de guerra de Irak, ha de regresar a Chester´s Mill, el lugar que tanto deseaba abandonar.
El ejército pone a Barbie a cargo de la situación pero Big Jim Rennie, el hombre que tiene un pie en todos los negocios de la ciudad, no está de acuerdo: la cúpula podría ser la respuesta a sus plegarías.
A medida que la comida, la electricidad y el agua escasean, los niños comienzan a tener premoniciones escalofríantes. El tiempo se acaba para aquellos que viven bajo la cúpula. ¿Podrán averiguar qué ha creado tan terrorífica prisión antes de que sea demasiado tarde?”
25 años para escribir este libro, 1130 apabullantes páginas, más de 60 personajes con cierta relevancia dentro de la historia. Todo esto y muchas cosas más convierten esta novela en una auténtica maestría dentro de su propio género.
Esta magnífica historia puede dividirse en dos partes claramente diferenciadas: El misterio de la cúpula (parte sobrenatural) y las relaciones que se desarrollarán en la localidad entre este gran elenco de personajes (parte humana).
La parte sobrenatural es, desde mi punto de vista, la más débil del libro, con una consecución un tanto previsible y un trato más bien superficial. Lo bueno de esto es que también es la parte que menos ocupa dentro de la novela; unas páginas al comienzo, trazos sin importancia durante el nudo y las últimas páginas para explicar el gran misterio.
Lo mejor de la novela, lo que le convierte en un libro de culto, es la parte humana. Desde esta perspectiva parece que la cúpula es solo una herramienta utilizada por el Sr. King para llevar hasta el límite más insospechado las diferentes personalidades de nuestros personajes acelerando de esta forma la acción. Según se avanza en la lectura, las tramas de unos y otros se irán entremezclando impidiéndote cerrar el dichoso libro. Deseas saber qué va a ocurrir, quieres saber si Barbie hará aquello que tiene que hacer o si, por le contrario, Big Jim logrará sus terroríficos objetivos.
Por último, hacer una mención a la literatura. Stephen King tiene fama de ser bastante denso en este aspecto, dándole muchas vueltas a cualquier suceso para que el lector quede completamente enterado de hasta el último suspiro de emoción que siente el personaje. A pesar de que, una vez acabas el libro, lo agradeces, mientras lo estás leyendo te toca los huevos. Sin embargo en “La Cúpula” no hace esto, sino que abandona más los estándartes de la “buena” literatura, consiguiendo de esta forma que el lector se enganche hasta el punto de necesitar un chute detrás de otro. Además, este hombre hace lo que le sale de los huevos con las palabras. Lo mismo introduce sus propia voz, como autor, para resumirte en qué punto está la situación, como que te explica que a tal personaje le sale todo de perlas con una metáfora insuperable (capítulo títulado como Bordándolo, para que estéis preparados).
Y para terminar, como opinión más personal, debo decir que este libro se ha colado en el número 1 de mi top ten. Esto no suele tener mucha relevancia porque ese lugar suele estar ocupado por un libro que te leíste hace mucho tiempo, del cual apenas te acuerdas y al cual idealizas. Pero en este caso no es así. Me lo leí hace apenas algún mes y se coló empujando a cualquier otro ya idealizado que estuviese ahí. Lo único malo del libro, de momento, es el precio (29,90 € cuando yo lo compré), pero aún así merece la pena.
Un abrazo y pasadlo bien.
Navarro.
Todos hemos oído alguna vez la típica historia del amigo de un amigo que ha montado en globo y contestado de la misma forma. Viene a ser algo así como: “Yo no hago eso ni que me paguen” o, aún más conocida: “Eso es un agujero de salida, nunca de entrada”.
¿De qué demonios estoy hablando? ¿Conseguirá Navarro sorprenderme después de lo del arroz? Pues estoy hablando de, señores y señoras, que te metan un dedo en el culo ¡tachán! Bueno, un dedo, dos, tres, la mano, el brazo, un consolador, un bate de béisbol o una botella de Coca-Cola de dos litros, que, una vez más, cada uno se meta lo que quiera, yo en eso no voy a entrar.
El nombre; montar en globo, lo he cogido, copiado, robado o como se quiera llamar del post del ESDLV por estar bien explicado y ser, como mínimo, gracioso. Os recomiendo que le echéis un vistazo, seguro que no os defrauda.
Pero volviendo al tema y como todos ya sabréis, al parecer en ese oscuro lugar tenemos una de las zonas más estimulantes sexualmente hablando de nuestro querídismo cuerpo. Muchos de los hombres, entre los que me incluyo, pasamos por esta vida dejando pasar oportunidades de experimentar por, simple y llanamente, miedo a lo que el resto de personas puedan pensar. Yo por lo menos jamás me atrevería a soltar en medio de una cena de colegas el gran placer que siento cuando mi novia me mete un dedo en el culo. Razón por la cual nunca lo ha hecho.
Como científico (y quien diga que la psicología no es una ciencia le parto la cara) debo dar por hecho que si el punto G existe y está ahí, el hecho de estimularlo ha de ser placentero. Eso ni siquiera me lo planteo. Ahora bien, el problema está en llegar hasta ahí tratando de causar el menor destrozo posible al túnel de “salida”. La naturaleza es sabia, pero hasta ciertos límites. La naturaleza dotó a los órganos sexuales con el poder de crear lubricante para su propio uso, pero la cabrona se debió olvidar de nuestro punto G, dejando al culo sin un método de producción para tan importante sustancia. Sin embargo y le pese a quien le pese, el ser humano es un pillo que busca ponerle las cosas chungas a la biología, y de ahí surge el lubricante embotellado.
Mi consejo, a priori y sin tener más idea de lo que he leído por ahí, es que, si lo vais a hacer, echéis mucho, mucho, mucho lubricante y luego me contéis qué tal os ha ido. No creo que me convezcáis para probarlo pero al menos tendré un nuevo elenco de opiniones sobre las que pensar. Por supuesto, creo que no basta con meter el dedo en la llaga, sino que también hay que utilizar el resto de técnicas citadas en anteriores posts. Es decir, mientras montas en globo tu chica debería comer calipos o utilizar el dichoso arroz. Eso ya lo dejo para la imaginación del lector.
Ahora, muy brevemente, voy a explicar las razones que me echan para atrás en esta técnica.
1: Identidad sexual: Ocuparía el 10%. Debido a que los homosexuales se apropiaron de esta técnica (¡serán listos los muy…!) parece que el hacerlo te convierte en homosexual a los ojos de cualquiera. Sin embargo, yo estoy convencido de no lo soy, ¿por qué? Pues simplemente porque me gustan más las tetas y los culos que a un tonto un lápiz. No descarto que en un futuro remoto pueda sentirme atraído por un hombre, en cualquier caso, me convertiría en bisexual ya que no creo que exista fuerza en el universo para que me dejen de gustar las féminas.
2: Dolor: Rellenaría el 40%. Y es que, sí, muy bien, los lubricantes están ahí y todo lo que se quiera, pero…no sé, me sigue dando no sé qué ir a cagar al día siguiente y que al compacto de excrementos lo siga un pequeño chorro de sangre. Y lo peor de todo, ¡a ver con qué cara se lo cuento yo después a mi doctora!
3: Asco: Pues el 50% que falta. Me parece bien que se utilice como agujero de entrada, pero no olvidemos que también es un agujero de salida y, por el amor de Dios, que lo que sale por ahí no son rosas perfumadas leñes. Es más, os iba a pedir un ejercicio de imaginación pero prefiero no hacerlo.
Y con esto concluye la clase de hoy, estimados lectores. Lo cierto es que esta semana he estado más vago de lo habitual con el mundo 2.0, pero han sido por buenas razones. A ver si me pongo las pilas. Sólo me queda un post más para terminar con Orgasmos de infarto y luego comenzará Años ingenieriles donde relataré mi fallido paso por la ingeniería técina industrial de la UPM (no tendrá desperdicio, os lo garantizo).
Un abrazo y pasadlo bien.
Navarro.