¿Por qué la gente cree que puede opinar en cualquier momento y en cualquier lugar? ¿Por qué somos así? No, de verdad, me encantaría saberlo. Un colega o un familiar llega un día con la cara afligida y te cuenta que le han echado del curro y que ahora no sabe que va a hacer porque según está el tema con la puta crisis y con el paro y todo eso pues no sabe qué puede hacer. Al fin y al cabo él tiene que seguir viviendo lo quiera su ex-jefe o no.
Inmediatamente después…¿qué digo después? Mientras te va desgranando su triste historia tu cabeza ya ha dejado de prestarle toda la atención que él mismo esperaba obtener y ahora tu mente tiene otras cosas mucho mejor que hacer, a saber: Escuchar al menos algo de lo que te sigue contando, meditar sobre lo que te está diciendo, poner a trabajar tu memoria para recordar situaciones similares en tu vida, en la de tu padre, en la de tu madre, en la de tu mejor amigo, en la de tu novia, en la de tu otro mejor amigo, en la que viste en youtube que te hizo mucha gracia en su momento pero que ahora entiendes que era una putada y así con todas las personas y situaciones similares que hayas sido capaz de almacenar en tu memoria para comparar (¿no son muchas memorias?). Y sigo, porque también tienes que empezar a pensar aquella opinión que le vas a dar para que se vaya a casita tan contento de hablar con el tío Jaimito, por ejemplo.
De forma que termina de hablar y entonces tú te lanzas. “Te dije que necesitabas el bachillerato” o “Si es que tienes que aprender a comportarte” o alguna otra cosa. Eso, de momento, es el resumen que le haces a tu colega de la situación. Es decir que él ha perdido al menos unos veinte minutos, si no le hemos interrumpido antes, contándonos qué le ocurre para que nosotros se lo resumamos en cuatros putas palabras. Y lo peor es que luego nos sentimos súper inteligentes.
Pero bueno, ya le hemos esbozado lo mierda que es su vida en cuatro palabras. Y lo peor o lo mejor de todo es que hemos disfrutado como enanos haciéndolo. Aquí hago un inciso de carácter personal. Yo, y siento decirlo, y no es que me sienta especialmente orgulloso de ser así, pero soy de los que disfruto con la mierda de los demás. Yo sé la mierda que hay en mi vida y supongo que eso me hace querer saber la mierda que hay en la vida de los demás. ¿Soy un cabrón? Puede que sí o puede que no. Hay mucha gente con la que hablo que me dice que ellos jamás se alegran cuando una persona cercana está echa mierda, bueno, pues yo sí. Me siento satisfecho. Comparo mierdas y si la de la otra persona es más grande que la mía aplaudo, sonrío y luego, si eso, consuelo. Pero primero sonrío. Esto no quiere decir que no me alegre cuando a alguien cercano le ocurren cosas buenas, porque también. Lo que quiero decir es que también me alegro cuando a alguien le ocurren cosas malas.
Pero vayamos al siguiente punto. Una vez hemos reducido el problema a algo que podamos mantener fácilmente en nuestra memoria de trabajo sin apenas elaboración, nos decidimos a opinar. A dar la solución necesaria a los problemas de tu colega. Y esperamos que la típica escena de película se aparezca delante de nosotros y nuestro colega nos diga: “Gracias, Pepito. Tú sí que eres un amigo. Haré todo lo que me has dicho y bla, bla, bla”.
Pensemos un segundo la situación ¿de acuerdo? Tú colega ha ido a contarte un problema porque se siente mal y quiere soltarlo. Necesita un tiempo de estar mal, de mandar todo a la mierda, de joder a la gente con sus propias mierdas o de hacerlas felices, en el caso de personas como yo, con sus propias mierdas también. ¿Y tú qué has hecho? Bien, te has olvidado de esa persona para centrarte en ti mismo, no le has escuchado, le has dado un resumen bastante insatisfactorio de su situación y, por último, le has planteado una solución que quizás, en ese momento, le importe una mierda. ¡Bravo!
La verdad, no sé si os ha pasado esto que estoy contando. A mi sí me ha ocurrido, tanto estar en el lado del que cuenta el problema como en el lado del que lo “escucha” mientras piensa qué decir. Y tengo algo muy característico para saber si te lo están haciendo o si lo estás haciendo. Se trata del tiempo que hablas. Se supone que en este tipo de situaciones el que más tiempo habla debe ser el que cuenta el problema. El otro si acaso debe preguntar y dejar hablar para entender perfectamente el problema. Rollo consulta del psicólogo. ¿Y cómo te hace sentir? ¿Has pensado qué vas a hacer? ¿Cómo ocurrió? ¿Cuáles creen que fueron las causas? Y así sucesivamente. Cuanto más preguntes mejor podrás luego opinar.
Hablando de mí, he de reconocer que antes, hace años, jamás preguntaba. Prefería hablar, discutir, llevar razón. Pensar, rebatir, llevar razón. Gritar, explicar, llevar razón. Pegar, matar, llevar razón. Lo importante es que el otro te diera la razón. ¿Que qué ocurría si para lograrlo tenía que hacer que al final esa persona se sintiera como un montón bien grande de estiércol? Pues no importaba, porque si al final conseguía la razón, nada importaba.
La cosa es que, como sabéis, estoy en 3º de psicología y no sé, ahora veo que nada es tan estricto y que, sobretodo, las personas somos mucho más nutridas en emociones, sentimientos, pensamientos…que cualquier otra cosa y que para entender hasta el más mínimo trozo de conducta de persona hay que conocer miles de variables que, en principio, no se conocen. Así que, ahora, lo que más hago es preguntar. Y rara vez doy opiniones surgidas de mi propia cabeza.
¿De dónde saco mis opiniones? Muy fácil: De gente que no conozco. De gente que, en principio, me importa una gran mierda. De gente que, sin embargo, sé que sabían mucho más que yo y que, aún pudiendo estar equivocados, estoy seguro de que se acercarán a la verdad mucho más que yo (al menos de momento). Rara vez elaboro una opinión. Simplemente cojo prestado y, apoyándome en hechos ya establecidos, doy mi opinión (que puede ser la de James o la Skinner o la de Cattel, pero rara vez la mía propia). Y no me muevo de ahí hasta no ver otros datos que me hagan pensar otra cosa. En ese momento es inútil convencerme con argumentos de carácter metafísico o lógico. No. En ese momento tengo datos y necesito datos para cambiar de idea.
Pero volvamos al problema ¿de acuerdo? Ya he dicho que no suelo dar opiniones. Me tiro más por entender y preguntar. Si me piden una opinión, sin embargo, siempre empiezo con un claro: no sé, supongo que… Y si la persona no está de acuerda con ella pues muy bien. Puedo insistir un par de veces si veo que puede ayudarle pero si no lo veo, anda y que le den. Lo siento, soy así.
Y esto es bidireccional. Hay veces que cuento mis cosas para escuchar las opiniones de los demás, de acuerdo. Pero hay veces que cuento las cosas porque me sale de los huevos, sin más. Entiendo que la persona a la que dirijo mi mensaje pueda decir: “Eh, chaval, me da igual. Cuéntaselo a otro”. Lo entiendo. La gente, por muy colegas/familiares/desconocidos que sean tienen su libertad y pueden usarla como les apetezca en cada momento. Pero, ahora bien, si escuchas mi mensaje es bajo mis condiciones, que para eso es mi mensaje. Y si cuando he terminado, o cuando me has interrumpido, digo: no quiero opiniones, no tenía esta finalidad, ¡te jodes! no opines. Conozco a una persona que no sabe guardar secretos y que cuando le preguntas si te puede guardar uno siempre dice: no, si me lo quieres contar, cuéntamelo, pero no te aseguro que no se lo vaya a decir a nadie. ¡Ole sus cojones! Me parece de puta madre. Ahora bien, si yo digo, no tienes porque escucharme pero si lo haces, te jodes, no vas a poder opinar porque no quiero escucharlo. ¿Qué deberías hacer? Escucharme si te sale de los huevos y no opinar bajo ningún concepto. Es sencillo. ¿Por qué no se entiende?
Bueno, voy a ir terminando. Lo que quiero decir es que las personas somos seres sociales que necesitamos relacionarnos con otras personas, nos gusta que nos escuchen y a unos cuantos también nos gusta escuchar las tonterías del resto. Pero, en serio, toda relación social, desde el polvo más salvaje hasta el hola más efímero está condicionado por los deseos de las personas que intervienen. Si te tiras a una chica que está gritando que pares, es violación. Si opinas delante de un colega que te está diciendo que pares, es violación. Tenedlo en cuenta.
Y alguno podrá decir: “Bueno, si no quiere escuchar mi opinión que no venga a contarme nada” Está bien, estoy de acuerdo. La próxima vez que te ocurra adviértelo desde el principio: “Voy a dar mi opinión te guste o no”. Y después plantéate una cosilla: Una persona que te importa te ha contado lo que para él supone un problema y lo único que necesita para estar mejor es decirlo y que le escuches. Tú no le escuchas si luego no te deja opinar. Me parece una conducta egoísta. No mala, que conste, solo egoísta. Yo lo haría sin problemas según que gente y según que problema. Y no creo que sea una mala persona.
Por supuesto, esto no es más que una jodida opinión mía, y ha de tratarse como tal. No tiene ningún valor de verdad más que el que cada uno quiera conferirle. El que no quiera darle ningún valor lo único que ha de hacer es cogerlo y lanzarlo a la basura (yo no se lo voy a tener en cuenta, es más, en la misma situación yo haría lo mismo).
Un abrazo y pasadlo bien.
Navarro