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Archive for the ‘Psicología’ Category

Cómo no educar a un niño.

07 Jan

Hoy se me ha subido el ego a la chaveta, además de haberme vuelto loco, y voy a dar un par de consejos a las madres de lo que no hay que hacer con sus hijos, con los riesgos que eso puede acarrear. Meteos en mi cabeza y visualizar lo mismo que yo. Una madre pasea tranquilamente con su hijo por el agradable y frondoso parque por el que tú sueles ir a tocar la guitarra. Y así sin comerlo ni beberlo la madre realiza una acción de educación que tú sabes que está mal no, lo siguiente. Como persona altruista que eres y a sabiendas de que tu vida y por supuesto tu guitarra pasarán a estar en grave peligro en apenas unos minutos, te acercas a ella y con toda la amabilidad y el respeto del que eres capaz le explicas a esa señora que lo que está haciendo con su hijo no es forma de educarlo. Minutos más tarde alguien encuentra tu cadáver (la guitarra ha desaparecido misteriosamente (PD: Era de las caras)).

En fin, una madre con respecto a la educación de su hijo puede convertirse en el ser más orgulloso y mezquino que existe. No hace falta más que ir a la consulta del dentista o, al menos, al de mi dentista: Niños corriendo, gritando, saltando, destrozando, mordiendo, etc, etc. Pequeños monstruos a los que algunas personas han decido llamar niños sin ningún tipo de lógica ni razón. Y jamás se te ocurra sugerir a la madre que coja a su hijo de los cojones y se lo meta dentro del bolso para que deje de joder a toda la clínica porque acabarás pudriéndote en el río más cercano.

Ante esta delicada situación me encuentro y para no poner mi vida en peligro voy a aclarar que ninguna de las dos cosas que voy a comentar han salido de mi cabeza. La primera me la dijo mi profesor de aprendizaje animal hará dos años basándose en el conductismo y, en concreto, en el condicionamiento instrumental. La segunda es un estudio que he leído hoy en la biblioteca para la asignatura de desarrollo social. Así que si una madre se siente ofendida con lo que voy a decir que se vaya a matar a esas personas y si alguna persona no se cree algo de lo que voy a decir que sepa que, probablemente, los datos provienen de gente mucho más experimentados que yo y que ellos mismos. A parte de eso que cada uno haga lo que quiera con lo que encuentre por aquí, como siempre digo (no lo digo nunca, pero alguna vez hay que empezar).

Esta primera situación la veo una y otra vez en la gasolinera donde trabajo. Padre e hijo entran en la tienda. Padre viene a pagar su desbordante precio de la gasolina (he de decir que yo les miro, me cago en Dios, dejo el libro que me estoy leyendo, pongo mi falsa cara con mi falsa sonrisa de atender a clientes y les saludo). Mientras Padre paga, su demonio particular empieza a tocarle los huevos para que Padre le compre el huevo Kinder que cuesta nada más y nada menos que 1.10€. Padre, que no está para muchas hostias, le dice que no. Hijo, que tiene el mismo temperamente de Padre y tampoco está para muchas hostias insiste. Padre dice que no, Hijo vuelve a insitir… Esta cosa tan estúpida se repite en lo que mi cabeza parecen ser cuarenta y dos horas antes de que Padre, desesperado y con los huevos metidos en el culo decide comprar el dichoso huevo Kinder. Y aquí es cuando yo le miro y pienso: Chaval, ya entiendo porque tu hijo es tan toca cojones como ha demostrado ser.

Condicionamiento instrumental. Básicamente nos encontramos que lo que Padre está haciendo con su hijo es enseñándole que insistiendo hasta el punto de que a mi me apetezca matar a Padre e Hijo en una lujosa oferta de 2X1 conseguirá su jodida y cara recompensa. ¿Qué hará el niño la próxima vez que desee su huevo Kinder? Insistir e insistir hasta que Padre se lo compre. Mi consejo, Papás y Mamás es que si de primera le decís a vuestro hijo que no, es que no. Antes de negarle nada decidid si lo merece y si es así comprarlo, pero si no lo merece y ya le habéis dicho que no, por mucho que insista, no lo compréis.

Este otro consejo es aún más ilógico, es decir, que va contra toda lógica. A todos los Papás les encanta que sus hijos sean altruistas con sus iguales. A todos les gusta que sus demonios compartan cosas, ayuden a los demás en todo tipo de situaciones y no sean egoístas con sus, increíblemente numerosos, bienes materiales. En estas situaciones, al contrario de lo que hacen en la anterior ocasión, los padres sí utilizan el condicionamiento instrumental, lo que pasa es que esta vez la cagan. Cuando su hijo hace alguna de las acciones anteriormente citadas el padre le aplaude o le recompensa, es decir, cuando su hijo muestra una conducta altruista sus padres les refuerzan para que tal conducta continue repitiéndose. Tendría toda la lógica del mundo si no fuera porque no la tiene.

Por lo visto, los niños nacen ya con una predisposición para ser altruistas. Como decía un filosófo de cuyo nombre no es que no quiera acordarme, es que no me acuerdo, nacemos siendo buenos y luego la sociedad nos corrompe. De aquí, por lo que he leído, solo está bien el principio y con excepciones. Es decir, nacemos buenos y no todos. Lo importante es que ser altruistas, ayudar a los demás desinteresadamente nos causa un placer y es fruto de una motivación intrínsica. Pero cuando reforzamos esas conductas tan buenas lo que hacemos es cambiar la motivación intrínsica por una motivación extrínsica, que siempre parece mucho peor. Ahora, el niño, en vez de ayudar porque eso le va a hacer sentir bien lo hará según las consecuencias que cree que va a tener hacerlo, de forma que si las consecuencias son menores que el precio de ayudar, no ayudará. Conclusión: En vez de lograr que aumente esa conducta lo que conseguiremos será mutilarla y reducirla y que no preste su ayuda ni pa Dios.

Así que ya sabéis, un no es un jodido no y si nuestro niño ayuda no hay que premiar ni reforzar, solo hay que verlo como algo normal. O por lo menos eso es lo que dicen las fuentes que he leído, de las cuales, hoy por hoy, me fio bastante.

Un abrazo y pasadlo bien.

Navarro.

 

Previo a Begotten.

03 Jan

Lo confieso: estoy asustado. En menos de un mes comienzo con los exámenes de la facultad y debo tener la cabeza en pleno rendimiento, la concentración alta y la ansiedad o el arousal en su punto óptimo. ¿Y qué es lo que voy a hacer antes de empezar a estudiar en serio? Ver la película Begotten. Los que jamás hayáis oído hablar de ella no entenderéis por qué estoy asustado y por ello os lo voy a explicar.

Oí hablar de esta película hará un par de meses más o menos en una fiesta en Getafe. El culpable de este interés me la describió como una película psicotrópica, que cada persona que la ve le pone un significado propio. Según nos contó él la vio con unas cuantas personas más y al terminar la película y preguntar a cada uno que contara que de qué creía que trataba la película ninguno de ellos fue capaz de responder la misma cosa. Este simple hecho ya me causó el interés suficiente para verla y, además, para convencer a algunas peronas más para que la vieran conmigo y comprobar de esta forma si lo que esa noche me relataron era verdad.

Lo siguiente que hice fue descargarme la película. La ley Sinde estaba a punto de salir así que rápidamente me metí en seriesyonkis y cometí un delito, orgulleciéndome de ello. La película estaba en mi ordenador así que le dí al play para ver cómo era. Lo que vi me dejó bastante desconcertado: Imagénes en blanco y negro sin apenas gama de grises, múscica psicotrópica que te cagas, imágenes imcomprensibles, sin diálogos, sin coherencia… Los dos minutos de película que vi fue como si entrara en la mente de un asesino en serie.

Finalmente convencí a un par de (no sé si leerán esto así que voy a ser bueno) personas encantadoras para que me acompañaran en tan bizarra aventura. La casa de uno de ellos se queda libre a partir del 8 de Enero y entonces comenzará la cuenta atrás.

Por último busqué algunas críticas o comentarios en internet sobre la película. Para empezar cabe destacar que en 1991 se la declaró como una de las mejores películas del año, pero como no sé qué películas más se hicieron ese año pues puede no ser un dato de mayor relevancia. Pero lo que más me asusta es que muchas de las personas que han visto la película coinciden en que no te deja indiferente. Más bien lo que ocurre es que se plasma lo que hay en tu subconsciente y esto provoca un estado emocional que puede durar días o semanas. A algunas personas les activa como si se hubiesen metido cien gramos de cocaína y a otras las deja tan echa mierda que lo último que se llega a saber de ellas es que compraron un cuchillo de caza en Soldiers y luego desaparecieron en el bosque.

¿Qué pasará conmigo? Eso nadie lo sabe. ¿Cambiaré radicalmente hasta el punto de convertirme en un asesino despiadado, me dejará indiferente dada mi dificultad de empatizar con el resto o me alegrará hasta el punto de convertirme en la persona más feliz del mundo? Aún no lo sé, pero me asusta pensarlo. Cuando vea la película me pasaré por aquí y os contaré qué es lo que ha sucedido conmigo. Espero que no sea nada malo. De momento os voy a dejar con la sinopsis para que vayáis abriendo boca.

En una cabaña en ruinas, el Dios Que Se Mata A Sí Mismo vomita sangre al tiempo que se lacera con una navaja. Tras una larga agonía de espasmos y excremento, la Madre Tierra emerge del cadáver, puta y virgen como todas las mujeres, para fecundarse con el semen del Dios muerto. El fruto de esta unión-incesto es el Hijo de la Tierra – Carne y Hueso, un ser indefenso que se convulsiona incontrolablemente y que es hallado en medio del lodo por cuatro nómadas que lo atan y lo golpean sin misericordia. La Madre interviene y es violada, tras lo cual ella y su Hijo son descuartizados por los miembros de la tribu, mientras el ciclo de vida y muerte de la naturaleza prosigue inalterable.

Un abrazo y pasadlo bien.

Navarro.

 

Sé que no hace falta decirlo pero…

19 Dec

Reflexiones y más reflexiones son las que acuden a mi cabeza últimamente. ¿Será la navidad, mi tiempo libre, las clases de evaluación psicológica o la falta de sexo? No lo sé, pero últimamente me siento reflexivo. Esta semana pasada he dicho la frase de “sé que no hace falta decirlo pero si quieres algo aquí me tienes” muchas veces y me he dado cuenta de lo ilógica que es dicha frase u oración. Vayamos por partes:

Cualquier frase o comentario que comience con un “sé que no hace falta decirlo” debería terminar con un “así que no voy a hacerlo”. Si no se hace la frase comienza a carecer de sentido. Sería algo así como “no me hace falta comer para vivir, pero es que si no como me muero”.

Lo siguiente es el “pero”. Todos sabemos que es una simple conjunción que expresa que lo que acabas de decir no contiene ni un sola propiedad de verdad. Un ejemplo: “Te quiero, pero…” En fin, está claro que no le quieres. O sí, vete tú a saber. Pero en ese caso deja ya de suavizar la mala noticia y suéltala, si el montón de mierda se lo va a tener que comer el pobre lo quiera o no.

“Si quieres algo, aquí me tienes”. Lo que no se dice es que ese algo debe ser barato y dentro de unos límites bastante estrechos, es decir, de sexo ni hablamos.

Después de utilizar la citada frase u oración varias veces estos últimos días me he dado cuenta de que no sé si sabré si hace falta decirlo o no, pero lo que está claro es que nunca está de más hacerlo. Nunca está de más decirle a cualquier persona aquello que crees que no hace falta. El problema fundamental de todo esto es que nosotros, personas con una memoria a largo plazo eficaz, nos olvidamos de decir todas esas cosillas.

Un día le dices a una persona cercana que te tiene ahí para lo que quiera (siempre que el precio no sea mas de 5€ y que no se trate de sexo, por supuesto) y ya está. No vuelves a decir eso nunca más. Al fin y al cabo, tú ya has hecho tu parte y das por hecho que si dentro de dos meses esa persona te necesita va a recordar la conversación y te va a llamar. Pero no ocurre eso, esa persona nunca te llama aunque te necesite. Lo mismo ocurre con cosas como “te quiero”, o “que guapa eres” o “eres un tio cojonudo” etc, etc.

Soltamos cosas pensando que nunca van a caducar, pero lo cierto es que, como cualquier alimento (por muy en lata que nos lo vendan) sí que caducan. Y la verdad es que caducan con demasiada rapidez.

Dice la cultura popular que lo bueno dura poco y en esto no íbamos a ser distintos. El impacto de las buenas palabras tienen una vida muy corta en el sistema límbico de tu interlocutor. Horas, días y en el mejor de los casos semanas, pero solo en el mejor de los casos y, volviendo al dicho, estos casos serán los menos.

Recibir alagos, apoyos o, en general, palabras bonitas y baratas de otras personas nos hace ser felices. Esto es así. Algún macho ibérico quizás quiera negarlo pero seguro que cuando su novia le dice que le quiere se le hacen los huevos limonada como al resto de nosotros.

Durante mucho tiempo he sido de los que pensaban que mis palabras no caducaban nunca. Era de esos que pensaban que si una persona cercana me necesitaba, creía que me iba a llamar aunque no le hubiera dado pie a ello. Y también he defendido a la gente que, como yo, se equivocaba. O que cuando le decía a una chica que era preciosa no hacía falta que se lo repitiera de vez en cuando porque ella ya sabía lo que yo opinaba sobre su físico. Pero como he dicho, estaba equivocado.

En serio, ¡joder! que no me cuesta dinero decir a la gente que me tiene ahí o que está guapa o que te quiero echar un polvo, (esto último dinero no suele costarme pero un par de hostias es muy posible). Lo que quiero decir es que con lo poco que cuesta decir cosas que hacen que al resto se le iluminen los ojos de felicidad no sé por qué coño no lo hacemos un poco más.

De aquí para adelante me voy a poner a ello, I promise. Cuando sienta que diciendo algo bueno que siento de verdad puedo hacer un pelín más feliz a alguien lo voy a soltar, así como quien habla del tiempo y voy a ver qué tal va la cosa. Y, por supuesto, suprimiré al estupida coletilla de “Sé que no hace falta decirlo pero…”

Un abrazo y pasadlo bien.

Navarro.

 

¿Cómo saber si somos egoístas?

07 Dec

Pues la cosa curisosa de este mes es un juego que podéis realizar a cualquier persona y daros cuenta de que funciona. Es una de esas cosas que se aprenden en la universidad y que no dejan de ser curiosas por lo extraño que parece que realmente seamos así. Ya sabéis, las cosas del ser humano, que nunca dejan de sorprendernos. Os dejo con ello.

Espero que os haya gustado. Lo cierto es que me gustaría coger a unos cuantas personas y tratarlas como ratas de laboratoria en experimentos sencillitos para subirlos aquí y que podáis ver en primera persona como se comporta el ser humano. A ver si consigo a algunas personas y grabo algo, seguro que por lo menos queda gracioso.

Un abrazo y pasadlo bien.

Navarro.

 

Orgasmos de infarto V: Medidas extraordinarias.

04 Dec

Y con esto llegamos al final. Lo habéis probado todo: habéis comido el calipo, habéis montado en globo y habéis pasado mucho tiempo entre soledades y solo tenéis una cosa que decir. ¡Queremos más, mucho más! Bien, llegados a este punto solo se me ocurre recurrir de nuevo al conocimiento popular: ante problemas extraordinarios, medidas extraordinarias. ¡Córtate una pierna!

Dicho así en frío puede sonar un tanto escalofríante, por no decir que no se lo va a tragar ni el tato aquí, pero es cierto, si te cortas una pierna lograrás tener unos órgasmos de vértigo. Ya veis, en la carrera de psicología también se aprenden cosas interesantes de vez en cuando.

Confieso que los post de esta saga se me ocurrieron tras conocer este tan curioso dato y al final parece que no han quedado del todo mal. Pero expliquemos un poco las razones científicas de este gran hallazgo.

¿Habéis oído hablar de los miembros fantasmas? Cuando una persona pierde un brazo, una pierna o cualquier parte del cuerpo, no deja de sentirlo. El miembro ausente puede picarle o dolerle o vete tú a saber qué. Y del mismo modo también puede creer que puede moverlo. Un capitán de barco de no sé que época que había perdido un brazo se sirvió de este fenómeno para afirmar la existencia del alma, ya que si un brazo se seguía sintiendo después de desaparecer, cuando el cuerpo desapareciera, de algún modo, también se seguiría sintiendo. Está claro que el no se consuela es porque no quiere.

Gracias al avance de los años, algún que otro neurociéntifico chalado decidió que el fenómeno era digno de estudio y se puso a ello. Me dispongo a dar una explicación introduciendo términos como homúnculo de Penfield y ese rollo así que si se pasa por aquí algún conocido del tema le pido que no sea demasiado duro conmigo y con mis errores por favor.

La imagen que dejo arriba es un gracioso homúnculo de Penfield. Viene a ser la representación mental que tenemos los seres humanos sobre nuestro propio cuerpo. Como podemos ver, las manos y la cara tiene un tamaño mayor que el resto del cuerpo, esto se traduce en que sentimos mucho más las cosas que tocamos con las manos que las que tocamos con el pecho.

La cosa es que cuando perdemos un miembro, esa representación mental también cambia. Por ejemplo, si perdemos un brazo puede ocurrir que al estimularnos alguna parte de la cara sintamos que nos están tocando los dedos de nuestro miembro fantasma. Esto es así porque la cara queda por debajo del brazo en el homúnculo de Penfield. Y aunque no se vea en el dibujito, los genitales quedan por debajo de las piernas.

De esta guisa podemos explicar por qué si te amputas una pierna tendrás unos orgamos mucho más intensos. Es algo así como que mientras te comen el calipo en realidad te están acariciando toda la pierna que no existe, lo cual también es excitante. En realidad no tengo ni puta idea de que sentirán, pero según sus propios testimonios cuando se corren lo hacen a lo grande.

Evidentemente no estoy sugiriendo a nadie que se corte una pierna (a pesar de lo gracioso que sería que lo hiciese) pero esto, además de un dato curioso, creo que servirá para que, la próxima vez que veáis a una persona sin una pierna, no penséis “porbrecito” sino algo más como “hijo de puta, este tiene que follar como ratas”.

Y con esto termino esta serie de posts. Espero que os hayan sido útiles o que, al menos, os haya gustado leerlos. Uno de estos días pondré algunas de las palabras que alguna de las personas han metido en los buscadores para acabar en mi web. Algunas son la hostia.

Un abrazo y pasadlo bien.

Navarro.

 

Experimento de Milgram

08 Nov

Os dejo con una curiosidad muy curiosa. Es un experimento de psicología social muy, muy interesante que os va a dejar con la boca abierta mínimo (algo indispensable para uno de los orgamos de infarto que os contaré más adelante, por cierto). Bueno, si queréis saber la historia del surgimiendo del experimento leed lo que dejo después del vídeo.

1933: Un hombre bajito y con bigote se hace con el poder y control de una de las sociedades más orgullosas, inteligentes y capaces del siglo XX. Años más tarde conquista Austria, Checoslovaquia, Polonia (obligando a Francia y a Inglaterra a declararle la guerra), Noruega, Dinamarca, Bélgica, Holanda, Francia y un largo etc. Desemboca en la guerra más sangrienta jamás vista. El desarrollo de la tecnología armamentística crea la primera arma capaz de exterminar a toda la humanidad.

Sin embargo no es eso lo que más se recuerda de ese trágico episodio. Lo más sonado son y serán los seis millones de judíos asesinados en los campos de exterminio nazi por razones puramente racistas. ¿Los artífices de tal idea macabra? El hombre con bigote, un fracasado y perdedor (si se me permite el atrevimiento; yo con su ejército y la situación socio-política de Europa me hago el amo del mundo sin duda alguna) y otro con binoculares, un tal Heinrich Himmler.

1961: Adolf Eichmann, Teniente Coronel de las SS y responsable de aplicar la solución final en Polonia es condenado a morir en la horca por crímenes contra la humanidad en el estado de Israel. El propio Eichmann se declara inocente de todos los cargos alegando que él únicamente cumplía órdenes de sus oficiales. ¿Es eso cierto?

1963: Stanley Milgram, psicólogo judío desarrolla un experimento para estudiar si las declaraciones de Eichmann pudieran tener algo de ciertas. Su descubrimiento aún asombra.

Un abrazo y pasadlo bien.

Navarro.

 

Orgasmos de infarto I:

06 Nov

En el anterior post os dije que a partir de ahora iba a escribir unas cuantas cosillas más y, pensando, pensando, se me ocurrió cómo hacerlo para que no quedaran textos de más de diez mil páginas. Os cuento.

Lo que voy a hacer cada mes aproximadamente va a ser coger un tema de interés (sí, el 90% de las veces será sexo o algo relacionado con el sexo) y dedicarle unos cuantos post. Según estén escritos los iré juntando y subiendo al apartado Historias para tenerlo todo la mar de ordenadito.

Explicado eso vamos a empezar con el tema de hoy: ¡Cómo conseguir tener orgasmos de infarto!

Todos o casi todos hemos experimentado esa sensación tan placentera denominada orgasmo. Todos o casi todos, en algún momento de nuestra vida (si eres tío la media está en tu tercera mastubarción), nos damos cuenta de que, oh señor, no todos los orgasmos producen las mismas sensaciones. Hay algunos mejores y otros peores. Y, como seres racionales ¿qué es lo que hacemos? Pues empezamos a comportarnos como animales aplicando una y otra vez el denominado e infalible aunque incómodo y largo método del ensayo-error.

Probamos y probamos diferentes posturas, diferentes movimientos hasta que vamos dando con las claves del placer. Sin embargo siempre hay otro animal que ha tenido alguna idea que a nosotros se nos ha escapado y, a pesar de que las películas porno son muy explícitas con ese respecto, sabemos que las cosas que allí aparecen no tienen demasiada garantía de éxito y que probablemente la idea de ese otro animal haya sido mejor que la de aquellos expertos.

Así que, dejad de tiraros de los pelos pensando que existe alguien que está disfrutando del sexo más que vosotros porque traigo la solución. En los sucesivos posts iré describiendo las claves para tener los orgamos más intensos jamás habidos y por haber. Pero antes de eso debo advertir dos cosas.

1: Esta guía solo es válida para el sencillo, desgastado y simplón cuerpo de un hombre. La razón de esta advertencia podría ser que no conozco demasiado el cuerpo de una mujer y, aunque efectivamente no soy un experto anatomista por esos lares, la realidad es algo distinta. Lo cierto es que el cuerpo de una mujer difiere del del hombre en dos aspectos fundamentales. El del hombre tiene un botón (dos como mucho) y sus movimientos están perfectamente delimitados dentro del espacio-tiempo en el que vivimos, es decir, que hasta una rana podría jugar. El de la mujer tiene….. Para que lo entendáis: aún, de vez en cuando, me encuentro con alguno que no conocía. Y la segunda diferencia es que el cuerpo de una mujer es variable, cambiante, inestable. Sus zonas erógenas viajan cada día cambiando de lugar y haciendo imposible su nueva localización. Muchas veces he visto cómo compañeras de viaje tenían orgamos de vértigo y, al tratar de imitar mi conducta para reproducir esa sensación en esa persona a los cinco minutos, me he encontrado con que ya era demasiado tarde; la zona se había ido de vacaciones al culo, por ejemplo. Es decir, es como juntar nitrógeno y glicerina: las reacciones posteriores solo Dios las conoce. Y segunda:

2: Todas y cada una de las cosas que cuente aquí están sacadas de testimonios de otras personas sucias y pervertidas que nada tienen que ver conmigo. De echo yo jamás he tenido sexo, ni pretendo tenerlo hasta que me case, ¡que demonios! hasta que me muera. Huelga decir que la masturbación ni siquiera se me pasó por la cabeza en ningún momento de mi tierna adolescencia ¿verdad?

Pues eso es todo, en unos días tendréis la solución a casi todos los problemas de la vida ¡que nervios!

Un abrazo y pasadlo bien.

Navarro.

 

Hoy es Jueves:

04 Nov

Hoy es Jueves y son aproximadamente las diez de la noche. Sé que no es excusa para no subir lo que tocaba hoy pero hoy, sólo hoy y por ser yo, va a servir de excusa.

¿Y cuál es? Bien, he tenido clase hasta las cinco de la tarde y luego me he tenido que ir a pasar un test de inteligencia a la madre de una compañera. ¿Que qué test era? Pues el test más largo y aburrido que jamás nadie haya podido crear. Eso sí, luego da una medida de, no una, sino diez mil inteligencias, como si las personas tuviéramos tantas. El tema es que nos hemos tirado haciendo el test dos horas y media… ¡Dos horas y media!

Seguro que en el instituto, colegio o en la esquina de alguna calle importante os han pasado un test psicológico alguna vez, y seguro que mientras lo haciáis os estabáis cagando en la madre o el padre o el hermano o el hijo (que cada uno se caga donde quiera, yo en eso no me meto) del examinador. Pues bien, ahora que he estado en ese rol os puedo asegurar algo. Que el examinador lo pasa diez veces peor que vosotros.

De momento solo eso. El Lunes que viene subiré la curiosidad de este mes, que no será muy graciosa pero sí muy interesante. Y a parte de eso solo os informo que quizás empiezo a postear un poco más a menudo con escritos de este tipo. ¿Qué le vamos a hacer? Leer El Sentido de la Vida me incita a escribir y entre las opciones de dejarlo en el ordenador muriéndose de hambre y escribirlo aquí y que alguien lo lea, hoy me ha dado por elegir la segunda.

Un abrazo y pasadlo bien.

Navarro.

 

Opiniones sí. Opiniones no.

18 Oct

¿Por qué la gente cree que puede opinar en cualquier momento y en cualquier lugar? ¿Por qué somos así? No, de verdad, me encantaría saberlo. Un colega o un familiar llega un día con la cara afligida y te cuenta que le han echado del curro y que ahora no sabe que va a hacer porque según está el tema con la puta crisis y con el paro y todo eso pues no sabe qué puede hacer. Al fin y al cabo él tiene que seguir viviendo lo quiera su ex-jefe o no.

Inmediatamente después…¿qué digo después? Mientras te va desgranando su triste historia tu cabeza ya ha dejado de prestarle toda la atención que él mismo esperaba obtener y ahora tu mente tiene otras cosas mucho mejor que hacer, a saber: Escuchar al menos algo de lo que te sigue contando, meditar sobre lo que te está diciendo, poner a trabajar tu memoria para recordar situaciones similares en tu vida, en la de tu padre, en la de tu madre, en la de tu mejor amigo, en la de tu novia, en la de tu otro mejor amigo, en la que viste en youtube que te hizo mucha gracia en su momento pero que ahora entiendes que era una putada y así con todas las personas y situaciones similares que hayas sido capaz de almacenar en tu memoria para comparar (¿no son muchas memorias?). Y sigo, porque también tienes que empezar a pensar aquella opinión que le vas a dar para que se vaya a casita tan contento de hablar con el tío Jaimito, por ejemplo.

De forma que termina de hablar y entonces tú te lanzas. “Te dije que necesitabas el bachillerato” o “Si es que tienes que aprender a comportarte” o alguna otra cosa. Eso, de momento, es el resumen que le haces a tu colega de la situación. Es decir que él ha perdido al menos unos veinte minutos, si no le hemos interrumpido antes, contándonos qué le ocurre para que nosotros se lo resumamos en cuatros putas palabras. Y lo peor es que luego nos sentimos súper inteligentes.

Pero bueno, ya le hemos esbozado lo mierda que es su vida en cuatro palabras. Y lo peor o lo mejor de todo es que hemos disfrutado como enanos haciéndolo. Aquí hago un inciso de carácter personal. Yo, y siento decirlo, y no es que me sienta especialmente orgulloso de ser así, pero soy de los que disfruto con la mierda de los demás. Yo sé la mierda que hay en mi vida y supongo que eso me hace querer saber la mierda que hay en la vida de los demás. ¿Soy un cabrón? Puede que sí o puede que no. Hay mucha gente con la que hablo que me dice que ellos jamás se alegran cuando una persona cercana está echa mierda, bueno, pues yo sí. Me siento satisfecho. Comparo mierdas y si la de la otra persona es más grande que la mía aplaudo, sonrío y luego, si eso, consuelo. Pero primero sonrío. Esto no quiere decir que no me alegre cuando a alguien cercano le ocurren cosas buenas, porque también. Lo que quiero decir es que también me alegro cuando a alguien le ocurren cosas malas.

Pero vayamos al siguiente punto. Una vez hemos reducido el problema a algo que podamos mantener fácilmente en nuestra memoria de trabajo sin apenas elaboración, nos decidimos a opinar. A dar la solución necesaria a los problemas de tu colega. Y esperamos que la típica escena de película se aparezca delante de nosotros y nuestro colega nos diga: “Gracias, Pepito. Tú sí que eres un amigo. Haré todo lo que me has dicho y bla, bla, bla”.

Pensemos un segundo la situación ¿de acuerdo? Tú colega ha ido a contarte un problema porque se siente mal y quiere soltarlo. Necesita un tiempo de estar mal, de mandar todo a la mierda, de joder a la gente con sus propias mierdas o de hacerlas felices, en el caso de personas como yo, con sus propias mierdas también. ¿Y tú qué has hecho? Bien, te has olvidado de esa persona para centrarte en ti mismo, no le has escuchado, le has dado un resumen bastante insatisfactorio de su situación y, por último, le has planteado una solución que quizás, en ese momento, le importe una mierda. ¡Bravo!

La verdad, no sé si os ha pasado esto que estoy contando. A mi sí me ha ocurrido, tanto estar en el lado del que cuenta el problema como en el lado del que lo “escucha” mientras piensa qué decir. Y tengo algo muy característico para saber si te lo están haciendo o si lo estás haciendo. Se trata del tiempo que hablas. Se supone que en este tipo de situaciones el que más tiempo habla debe ser el que cuenta el problema. El otro si acaso debe preguntar y dejar hablar para entender perfectamente el problema. Rollo consulta del psicólogo. ¿Y cómo te hace sentir? ¿Has pensado qué vas a hacer? ¿Cómo ocurrió? ¿Cuáles creen que fueron las causas? Y así sucesivamente. Cuanto más preguntes mejor podrás luego opinar.

Hablando de mí, he de reconocer que antes, hace años, jamás preguntaba. Prefería hablar, discutir, llevar razón. Pensar, rebatir, llevar razón. Gritar, explicar, llevar razón. Pegar, matar, llevar razón. Lo importante es que el otro te diera la razón. ¿Que qué ocurría si para lograrlo tenía que hacer que al final esa persona se sintiera como un montón bien grande de estiércol? Pues no importaba, porque si al final conseguía la razón, nada importaba.

La cosa es que, como sabéis, estoy en 3º de psicología y no sé, ahora veo que nada es tan estricto y que, sobretodo, las personas somos mucho más nutridas en emociones, sentimientos, pensamientos…que cualquier otra cosa y que para entender hasta el más mínimo trozo de conducta de persona hay que conocer miles de variables que, en principio, no se conocen. Así que, ahora, lo que más hago es preguntar. Y rara vez doy opiniones surgidas de mi propia cabeza.

¿De dónde saco mis opiniones? Muy fácil: De gente que no conozco. De gente que, en principio, me importa una gran mierda. De gente que, sin embargo, sé que sabían mucho más que yo y que, aún pudiendo estar equivocados, estoy seguro de que se acercarán a la verdad mucho más que yo (al menos de momento). Rara vez elaboro una opinión. Simplemente cojo prestado y, apoyándome en hechos ya establecidos, doy mi opinión (que puede ser la de James o la Skinner o la de Cattel, pero rara vez la mía propia). Y no me muevo de ahí hasta no ver otros datos que me hagan pensar otra cosa. En ese momento es inútil convencerme con argumentos de carácter metafísico o lógico. No. En ese momento tengo datos y necesito datos para cambiar de idea.

Pero volvamos al problema ¿de acuerdo? Ya he dicho que no suelo dar opiniones. Me tiro más por entender y preguntar. Si me piden una opinión, sin embargo, siempre empiezo con un claro: no sé, supongo que… Y si la persona no está de acuerda con ella pues muy bien. Puedo insistir un par de veces si veo que puede ayudarle pero si no lo veo, anda y que le den. Lo siento, soy así.

Y esto es bidireccional. Hay veces que cuento mis cosas para escuchar las opiniones de los demás, de acuerdo. Pero hay veces que cuento las cosas porque me sale de los huevos, sin más. Entiendo que la persona a la que dirijo mi mensaje pueda decir: “Eh, chaval, me da igual. Cuéntaselo a otro”. Lo entiendo. La gente, por muy colegas/familiares/desconocidos que sean tienen su libertad y pueden usarla como les apetezca en cada momento. Pero, ahora bien, si escuchas mi mensaje es bajo mis condiciones, que para eso es mi mensaje. Y si cuando he terminado, o cuando me has interrumpido, digo: no quiero opiniones, no tenía esta finalidad, ¡te jodes! no opines. Conozco a una persona que no sabe guardar secretos y que cuando le preguntas si te puede guardar uno siempre dice: no, si me lo quieres contar, cuéntamelo, pero no te aseguro que no se lo vaya a decir a nadie. ¡Ole sus cojones! Me parece de puta madre. Ahora bien, si yo digo, no tienes porque escucharme pero si lo haces, te jodes, no vas a poder opinar porque no quiero escucharlo. ¿Qué deberías hacer? Escucharme si te sale de los huevos y no opinar bajo ningún concepto. Es sencillo. ¿Por qué no se entiende?

Bueno, voy a ir terminando. Lo que quiero decir es que las personas somos seres sociales que necesitamos relacionarnos con otras personas, nos gusta que nos escuchen y a unos cuantos también nos gusta escuchar las tonterías del resto. Pero, en serio, toda relación social, desde el polvo más salvaje hasta el hola más efímero está condicionado por los deseos de las personas que intervienen. Si te tiras a una chica que está gritando que pares, es violación. Si opinas delante de un colega que te está diciendo que pares, es violación. Tenedlo en cuenta.

Y alguno podrá decir: “Bueno, si no quiere escuchar mi opinión que no venga a contarme nada” Está bien, estoy de acuerdo. La próxima vez que te ocurra adviértelo desde el principio: “Voy a dar mi opinión te guste o no”. Y después plantéate una cosilla: Una persona que te importa te ha contado lo que para él supone un problema y lo único que necesita para estar mejor es decirlo y que le escuches. Tú no le escuchas si luego no te deja opinar. Me parece una conducta egoísta. No mala, que conste, solo egoísta. Yo lo haría sin problemas según que gente y según que problema. Y no creo que sea una mala persona.

Por supuesto, esto no es más que una jodida opinión mía, y ha de tratarse como tal. No tiene ningún valor de verdad más que el que cada uno quiera conferirle. El que no quiera darle ningún valor lo único que ha de hacer es cogerlo y lanzarlo a la basura (yo no se lo voy a tener en cuenta, es más, en la misma situación yo haría lo mismo).

Un abrazo y pasadlo bien.

Navarro

 

¿Cómo saber si cualquier persona es un psicópata?

06 Oct

El siguiente testimonio es ficticio y no hace referencia a ningún hecho o personaje real

Estaba muy preocupado, ¡joder! para no estarlo. Con la llegada de la luna sentía que mis impulsos se disparaban en una única dirección y que mi cuerpo los seguía como un sutil exclavo sin conciencia. Observaba, acechaba, raptaba, dañaba y, por último, mataba. Los gritos me excitaban y la sangre me fascinaba. Pero nada podía igualar el poder de la muerte. Un segundo y un final. Sin más. Sencillo, quirúrgico. Y estaba muy preocupado.

Siempre fui un persona normal, un prototipo representativo del grupo al que pertenecía. Siempre en la media. Inteligencia, ansiedad, personalidad… Daba igual cual fuese la faceta, yo siempre estaba en la maldita media. Y me gustaba. Por eso estaba preocupado. Ahora mataba y eso era raro, como si algo se hubiese torcido.

Tras pensarlo mucho decidí que se había acabado; al final me había convertido en un asqueroso psicópata. Me deprimí mucho. Pero luego me enteré de que existía un test para saber si, realmente, era o no un psicópata, así que me dije “¡que demonios! ¿Qué es lo peor que puede pasar?” Y lo hice y salió negativo y quedé tranquilo y relajado.

Lo cierto es que fue un alivio de cojones, ahora siempre que mato lo hago como mucho más relajado. Bueno, os dejo con el test.

Un abrazo y pasadlo bien.

Navarro