Las reglas para jugar al mus eran sencillas: cuando había cuatro que querían jugar se jugaba. Si alguien llegaba cuando la timba ya había empezado le tocaba joderse y quedarse mirando hasta que uno de los que estaba jugando decidía irse a clase. Podías sentarte a esperar horas y horas hasta que ese inusual hecho ocurría. Yo he llegado a tirarme tres horas como un gilipollas mirando como otros cuatro gilipollas (mucho más gilipollas que yo) jugaba sin hacerme ni puto caso y sin, que quede claro, ofrecerme un sitio para que todos pudiéramos jugar aunque fuese por turnos. La cosa era así: si no llegabas a tiempo, no jugabas. Si llegábamos tarde no se hacían rotaciones para introducir a todo el mundo en la gran cultura del mus como se hacen en todos los putos lugares del mundo. En una palabra: si no llegabas, te jodías. Y esto era para todo el mundo, dando igual lo popular que fueras. Gente popular pero tan imbécil como yo se quedaba horas esperando que alguno de sus fieles amigos decidiera irse de una puta vez a clase para poder adentrarse en el juego.
Un día estábamos cuatro chicos jugando al mus. He de aclarar que a mi esa gente me caía mal y que solo me quedaba con ellos cuando los que me caían bien no estaban o cuando podía jugar el mus. Es decir, de los cuatro que estábamos, yo era el que más sobraba pero también el que menos respeto tenía a la autoridad, por supuesto. De esto que después de tres cuartos de hora aparece Superman 1 (un tío al que jamás le he visto ceder su sitio para que otro pobre pudiera jugar al mus; un tio popular, probablemente el más popular. Yo, por supuesto, le odiaba con todo mi ser), se acerca a nosotros y nos dice:
- Bueno, ¿quién me deja su sitio para jugar?
¡Oh, si, claro, su majestad! ¿El señor desea alguna otra cosa? ¿Un café? ¿Algo para picar? ¿Una bonita y larga felación? ¡No me jodas! ¿Cómo se puede tener tanta cara? El tema es que yo era el que más sobraba de todos ellos así que, en un abrir y cerrar de ojos, todas las miradas se posaron en mí. ¿Y qué hice yo? Pues veamos…. creo que llevaba dos cerdos con la una y era mano así que… ni me lo pensé, pase del culo del Superman 1 y envidé a grande, ¡con dos cojones! Bueno, en realidad no hice eso, simplemente me quede sentado con expresión de “si estáis pensando que me voy a levantar es que sois mucho más idiotas de lo que pensaba y es complicado, creedme” Finalmente, y con gesto de resignación, el chico que estaba sentado a mi lado dejó sus cartas sobre la mesa y le cedió el sitio. Ese pobre chico se quedo observándonos jugar una hora y media más. Auténtico aburrimiento es lo único que sintió antes de decidir irse a tomar por culo. Podría decir pobrecito pero no, lo que me viene a la cabeza es: ¡jódete! Eso es lo que pasa por ir detrás de gente como el superman 1.
Y ahora voy a pasar a desbrozar a cada uno de los compañeros con los que tuve que convivir:
Superman 1: Era la típica persona que siempre tiene una historia diez mil veces mejor que la tuya para contar, además de mil y un defectos más que no voy a contar aquí. Le llamo así porque, tras escuchar inumerables historias que era imposible creer me prometí a mi mismo que iba a hacer que, al final, me contara que había llegado a volar. Estoy convencido de que lo hubiese conseguido si no le hubiesen echado de la universidad tras el primer año por no aprobar ni una sola asignatura. Una verdadera lástima.
París: Un tío cojonudo. Le conocí el primer día y me di cuenta de que era de las pocas personas con las que iba a llevarme bien. El tio venía de un modulo de producción de piezas así que pilotaba un huevo de dibujo técnica y esas cosas. Además, del módulo, conocía a Superman 1 y, de vez en cuando, me contaba lo zopenco que esa persona podía llegar a ser con una pieza entre sus manos.
Gorrino 1:Gordo, feo y siempre comiendo de las migajas que dejaba Superman 1. Un quiero y no puedo en toda regla que me trataba con desdén siempre que la oportunidad se le presentaba.
Como Rayes mi Coche te Mato (CRCM): Otro tío cojonudo que me hizo pasar muy buenos momentos. Un pokero muy majete que se ponía histérico siempre que alguien aparcaba al lado de su coche. Pero un tío de puta madre, de verdad. Al fin y al cabo, en esa facultad todo el mundo era bacala así que…
Superman 2: Cuando Superman 1 dejó la facultad, el puesto quedó bacante y este tipejo bajito y con cara de oler mierda permanentemente ocupó el puesto. Era tan guay que cuando le tocaba el culo a su novia en público, luego le tenía que pedir perdón. En fin, al chaval tampoco le daba para más. Eso sí, la novia estaba buena, las cosas como son.
Carlos III: Le llamo así porque procedía de la Carlos III, de estudiar la misma carrera. Había decidido venirse a la Politécnica por miedo a que le echarán de las Carlos III por no aprobar el 60% de los créditos tras el segundo año. Era un tío también que valía mucho la pena, igual que Paris o CRCM , pero un vago irredimible. Si por casualidad lees esto tienes que reconocerme que tengo razón.
Gorrino 2 Con este tengo posturas enfrentadas. Era gordo y no tan feo como Gorrino 1, pero su problema es que no tenía personalidad el pobre. Cuando estabas a solas con él era un tio cojonudo, pero cuando había más gente se dejaba llevar por la estupidez latente del resto y te acababa tocando los cojones por partida doble. Seguro que conocéis a alguien así, los hay por todas partes.
La andrajosa: No sé por qué, pero una tía que me daba un asco increíble, y no era porque fuese asquerosa sino porque, simplemente, me daba asco. Un día intentó mantener una conversación conmigo y la pobre se quedó con las ganas porque fui incapaz de contestar algo distinto a si o no. Por lo visto se tiró a Gorrino 1 y, una semana más tarde ( que bien pudo ser un mes o un año, yo qué sé) empezó a salir con Gorrino 2. Se llevo al club más selecto de la facultad a la cama, en otras palabras.
Y por último estaban el resto de siervos, tan insulsos y sin personalidad que era rara la vez que los oía hablar para hacer otra cosa que no fuese idolatrar un poco más a sus Dioses. Patético es quedarse corto.
¿Qué hacía yo? Pues me junté con Paris, con CRCM y con Carlos III. Y con el resto decir que el primer año no hablaba con ellos porque me sentía fuera de lugar. El segundo año estaba tan quemado que no hablaba con ellos por no provocar una pelea. Las únicas frases que se me ocurrían ese segundo año eran, todas ellas, ironías destinadas a joder o, directamente, insultos destinados a hacer mimos, no te jode.
Un abrazo y pasadlo bien.
Navarro.
